martes, 30 de octubre de 2018

Inercia

Y con férrea insistencia la palmera en medio del desierto quiere seguir siendo la misma, quisiera no cambiar, aún cuando la blanca arena cambió de color, ya no pasan camellos y hasta el oasis se mudó a la ciudad. Para qué? Se pregunta, tiene fe que todo volverá, que es un espejismo, un mal sueño o, bien, una pesadilla. De la que supone algún día despertará. Y qué puede hacer? Lo supone porque no tiene quien pueda hacerle notar su equivocada suposición. La palmera no quiere alterar más el equilibrio del desierto, no quiere tocar ni cambiar nada, podría ser para peor -piensa-, mejor que todo fluya como pueda y deba ser en este acorralamiento de la inercia, y al final se verá, pero no quiere participar en esta metamorfosis condicionada. Porque se le ocurre que si pudiera viajar en el tiempo, al pasado, tampoco tocaría nada, para que todo siga su curso y sea como deba ser, para no empeorar las cosas (mucho menos tocaría el futuro). Porque piensa que todo lo que sucede debe ser así y está bien así. No podría estar mejor. Quiere pensar. Ensimismada en este pensar, escuchó de repente, de la nada misma, un rumor al atardecer que la hizo bailar en su triste burbuja de desolación. Eran unas notas que había escuchado hacía ya mucho tiempo pero no recordaba, ni sabía de quién eran. Eran unas notas que la hicieron olvidarse del desierto, del camello y del oasis, que la hicieron solo pensar en ella misma. Le devolvieron la chispa que la caracterizaba, sintió cómo se le cayó el halo de misticismo que le rodeaba los ojos, y pudo ver el horizonte al atardecer. Mientras todo movimiento alrededor, en ese espacio vacío, se detenía. Toda vibración, todo tiempo, se detenía. El tiempo no pasa si no hay movimiento, cayó en la cuenta. Y entendió como lidiar con aquellas cuestiones temporales y espaciales de espacio-tiempo. Llegaba la noche que la apuraba y tenía que decidir. Quería seguir siendo palmera aunque ya no quedaba nada de lo que era alrededor, y todo era como vestigios de lo que fue y, tal vez, lo que pudo ser. Todavía escuchaba estas notas. Las repetía una y otra vez. Confió que todo lo lindo volvería, de todas maneras todo lo lindo todavía vivía en su memoria. Quizo no tener que cambiar. Y sin desierto, camellos ni oasis, notó que todo esto nunca estuvo en realidad, sino que -contrariamente a lo que pensaba- esto fue el espejismo y ahora podía ver el vacío tal cual siempre fue. Apuró la noche. Decidió seguir siendo palmera, no cambiar, cerró los ojos, los abrió. Pudo ver nuevamente el desierto, camellos a lo lejos, un oasis. Y cuando se vio reflejada en el agua, ya no era la palmera que siempre se supo, sino una hoja soplada con el viento, iba con fuerza, y estaba bien para esta hoja, todo muta -quiso entender-. Todas las hojas son del viento, recordó en alguna canción y ahora entendía el porqué. Sonrió a la quietud, ya todo mutó antes -buscó consuelo-.

Y sonrió a la inercia.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Yo para vos

Hoy más que nunca siento tu ausencia en esta fría noche, la cama vacía me parece más grande y me sobran brazos para atesorar recuerdos a tu lado. Hoy saldría a buscar alguna lámpara de Aladino que te traiga hasta acá, o me lleve hasta allá, donde estás. Hoy en esta noche tan larga.

Hoy se me hace difícil estar lejos, no es una noche normal, no hubo "avisame cuando llegás" y el horno no está para bollos. Hoy me doy cuenta de todas las veces que fui demasiado idiota cuando yo creía que expresaba mis sentimientos. Hoy cambiaría todas esas idioteces por un beso más.

Hoy más que nunca puedo notar todas mis imperfecciones, de las que tanto me arrepiento y no me alcanza con todos mis perdones. Hoy el devenir me da tanta bronca que patearía a mi perro que se me pone en el camino y me mueve la cola -como si hubiera motivos para ello-, rompería algún vaso en el que tomo agua para que el vino que juntos tomamos no me pegue tan mal, fumaría un cigarro más, uno más, uno más... Pero sin vos no tiene sentido, y ninguno de estos arrebatos me llevaría a algún lugar, donde estés.

Hoy el azar dio otro número, y otro color, nos juega una mala pasada, nos moja la oreja, intenta descubrir de qué estamos hechos... Para qué estamos. Bancamos la parada? Lo tomamos o lo dejamos? Hoy más que nunca quisiera detener el tiempo como otras veces -quizá con más razones hoy-, con vos en esta madrugada, diciéndote tantas cosas que muchas veces no pude, cantándote por ahí, besándote la frente, leyendo a Cortázar, viendo esa serie que tanto te gusta... Haciéndote saber todo lo lindo que generás en mí.

Ayer pasamos ya tantas cosas, lindas y no tanto, tantas noches, tantos "buen día", tantos vinos, cigarros, besos, abrazos, llegadas tardías, llegadas puntuales, sonrisas, fuentes, balconcitos... Las pasamos, juntos, y hoy seguimos, con aprendizajes que nos dejan mejor parados para lo que se pueda venir, listos para el siguiente round de la vida... Ayer, tantas cosas lindas.

Mañana uno nunca sabe pero quisiera saber, quisiera lo lindo del ayer, los "buen día", vinos, cigarros, besos, abrazos... Pero este round puede ser un poco más duro, el azar siempre se pone más desafiante, no? Lo mismo la vida. Mañana si sé una cosa, que estoy dispuesto a remarla por los dos, porque yo no te bajo de la canoa, y sé que el camino ya fue largo -bien por nosotros- pero hay que pelearla todavía, y más, y más. Mañana yo banco la parada, te quito los remos, acepto que bajes los brazos y descanses, que tomes fuerzas y recuperes el aliento. Ponete bien. Mañana quiero remar por los dos.

Hoy, lejos, debés saber que te podés apoyar en mí, que estoy, así como estuve, así como voy a estar... En este round no estás sola, me tenés a mí, dispuesto, con ganas. Hoy como ayer, anteayer y antes, puedo esperar horas -sin éxito- en aquél café, a que aparezcas y nos des un beso más, puedo volver con bronca contra el (mal)azar que te hizo desaparecer, esperar el bus que nos lleva -solo- que me traiga hasta esta cama -tu cama- vacía porque no te encontré. Hoy tengo ganas de tener fuerza por los dos, para los dos, y que no sea necesario porque la peleamos -y la ganamos- juntos los dos.

Hoy... Vos para mí, porque sos linda.
Mañana... Yo para vos, porque te quiero.

domingo, 15 de julio de 2018

Egoísta

Que egoísta de mi parte que se genere en mí -cuando te escucho decir feliz que tenés una buena noticia y me hacés sonreír- el pensar que eso significa que encontraste un hueco para nosotros donde podamos escaparnos un rato de la ciudad y del mundo, que pareciera ser cada vez tiene menos de mundo, de momentos, de gente viviendo.

Que egoísta pretender que tu felicidad está ligada a nosotros, vos y yo, pretender que las demás cosas son solamente accesorios, y pretender que todos los caminos conduzcan a Roma.

Es egoísta sentir lo mismo que un desengaño mientras vos ves la otra cara de la moneda, el lado oscuro de la luna, y estás del otro lado del muro de los lamentos.

Es egoísta tener que intentar -brutamente- acompañar el motivo de tu felicidad, sintiéndome chico y sabiendo que no fue por causa mía, y que no fluya dentro de mí como los cafés que me preparo y se enfrían con los cuales intento burlar al tiempo.

Que egoísta decirte que tengo ganas de verte cuando no te pregunto ganas de qué tenés vos, dando por descontado que posiblemente querés lo mismo, aunque debo reconocer que muchas veces me demostraste que tenemos las mismas ganas pero por esas cosas inexplicables del destino no se nos da. A esperar, otra vez, qué va a ser. El azar debe estar jugando a las escondidas.

Y haciendo honor a la verdad, lo entiendo todo y me pongo en tu lugar, puedo razonar y comprender lo que me decís y entiendo que es lo correcto, que está bien, y que tu felicidad es motivo de la mía. Pero tal vez haya dos cerebros y uno se encargue de la razón y el otro de la emoción, porque entiendo que hoy tampoco te puedo ver -y sos feliz igual, por otra cosa- e igual tengo tantas ganas. Que egoísta.

sábado, 14 de julio de 2018

Despedidas

Birrita en la vereda, y un poco de humo en el medio, viendo gente pasar como apurada por llegar a algún lugar. Aunque no sepan que mejor que ir es estar, con la persona que querés hablando de cómo arreglar el mundo sin llegar a nada concreto pero arreglando el nuestro en ese espacio sin tiempo. Aunque sea tarde en la noche y haya que volver.

Por ahí dando la espalda a toda esta gente que va a ningún lugar al fin, a los coches que pasan muy de prisa quién sabe por qué, a la calle llena de baches que no se va a arreglar más. Por ahí aislarse del resto de todo en ese momento. Por ahí hacer silencio porque los dos pensamos en una birrita más -podemos medir el tiempo juntos en birra, vino o cigarros- aunque por ahí todo esto es una excusa para alargar el tiempo juntos sin asumirlo del todo guardándonos un poco pero mirándonos fijo y sonriendo porque nos conocemos y nos leemos y sabemos y es lindo. Por ahí retroceder el tiempo solo para repetir ese par de besos tiernos que vos me das cuando yo -tontamente- busco los agresivos. Muchos por ahí. Por ahí no tener que irnos.

Irnos al fin, físicamente pero no en espíritu porque seguimos ahí en esa vereda con esa birrita que estuvo desde el primer beso que nos dimos hace ya mucho tiempo y en ese mismo lugar, es probable que también por eso nos guste tanto.

Juguetear con las manos, compartir el silencio, verte dormitar exhausta por la noche anterior en la que no dormimos, como en una película en blanco y negro donde solo falta el lento en inglés y la cocina de tu casa donde bailamos pegados y cantamos y cocinamos juntos.

Terminar bien un sábado de noche, tener esperanza para el domingo de siesta que nos puede encontrar veraces sintiendo lo que sentimos en el fondo, viviendo lo que queremos en el fondo, estar felices y ansiosos de esperar que llegue y repetir este círculo vicioso, repetir lo que somos, porque dejamos de ser cuando nos vamos.

Acompañarte en silencio y con cierta tristeza esas cuadras a tu casa que quisiera que sean más largas, agarrarte la mano fuerte con ganas de no soltarte, de no dejarte encontrar tus llaves.

Llegar al fin, querer darte tanto y no saber el orden -abrazo y beso o beso y abrazo, todo junto?- vacilar, desear que me digas "que hora es?" dándome a entender que podemos demorarnos un cigarro más. Pero hoy no, hoy está todo más que bien, hoy fue un día largo y hay que descansar. Buscar entonces hacer contacto con tu oreja izquierda para besarte mejor -siempre fue la derecha pero te pusiste otro piercing y te duele-. Darte un beso que quisiera durase más, pensar "quedate", abrazarte, dejarte ir y verte la espalda implacable que no se volverá y escuchar las llaves mientras entrás.

Decirte que te quiero y que vos me lo digas de la misma y otras formas, con otras palabras tal vez, como con un "avisame cuando llegás".

Mirarnos fijo y acordarnos de aquella charla donde soñamos lo lindo que sería rajar a vivir juntos para no tener despedidas.

jueves, 21 de junio de 2018

Cosas locas

Se me ocurren cosas locas.

Por ejemplo, llegar juntos a nuestra casa a medianoche, después de un día agotador, pero al llegar renovar fuerzas y tener tiempo para nosotros y olvidarnos del mundo. Llegar juntos a nuestra casa y no tener que despedirnos en esa esquina donde vos vas a la tuya y yo regreso a la mía. Aunque nos separen menos de veinte cuadras, llegar juntos a nuestra casa.

Se me ocurren cosas locas. Que vengas a visitarme y quedarte conmigo todo el fin de semana. Que me cantes todas esas canciones que te gustan mientras yo, tontamente y ebrio, intento acompañarte de la manera más digna con la guitarra y esa púa que me regalaste.

Que veamos series y películas juntos. Que leamos el compilado de cuentos ese de Cortázar que compramos para ello, juntos, alguna vez. Que juguemos a las cartas y que con ellas hagamos trucos de magia. Cenar y tomar helado para seguir luego con un par de vinos. Que me hables de la vida, la luna y los extraterrestres. Que me abraces por detrás por algunas fotos que te regalé y yo no pueda girar para besarte.

Y tirar un colchón al suelo, abrazarnos. Y matarnos a besos mientras se van la luna y la noche. Matarnos. Y seguir, sin tiempo, al despertarnos. O, tal vez, viajar lejos de la ciudad a acampar bajo un cielo estrellado a orillas de un lago.

Cosas locas se me ocurren. Visitarte yo y darte mil y un besos en la cocina mientras cocinamos juntos, tarde en la noche, y tu familia duerme. Tomar whisky con un par de cubos de hielo, que me cuentes del mar, de nadar, y ese libro que estás terminando. Hacerte una grulla con alguna frasesita que intente pintar, mínimamente, aquello que siento siempre y a veces no te digo. Tomar un té bien amargo que me hacés probar por primera vez, al igual que esas exóticas comidas orientales que solo vos conocés.

Entre las cosas locas que se me ocurren está el vernos todos los días entre semana, cuando salís del trabajo y yo te busco. Olvidarnos de nuestras responsabilidades para no desperdiciar el tiempo, que es lo que hacemos el resto del tiempo cuando no estamos juntos. Olvidarnos de los escrúpulos. Y tomar ese helado que tanto nos gusta, en un shopping, hasta que los análisis digan que tenemos diabetes pero de tantos besos y tantas risas.

Se me ocurren cosas. Dejar que se nos haga tarde a la noche, ir juntos a esperar el bus, encender un par de cigarrillos, besarnos entre estelas de alquitrán.

Que avises en tu casa que llegás tarde. Y que dejemos pasar todos los buses, hasta quedarnos sin ninguno.

Se me ocurren cosas locas.

Besarte mucho, dije?

lunes, 11 de junio de 2018

Te deseo aquí

Hoy te eché mucho de menos
Y no es por meterte presión
O cargarte más ese vaso que desborda
Pero a veces me es inevitable contarte qué siento.

Me gustaría poder ser ese cable a tierra
Ese apoyo en el que puedas cargar
Todas esas cosas que me contás
Y que así te puedas sentir mejor
Mucho más alivianada.

Hoy te eché de menos
Te pensé mucho y me odié un poco
Por no disfrutar mejor
La noche en que estuviste acá
Me odié por ese abrazo y ese beso que no te di.

Si pudiera volver el tiempo atrás
Y aunque parezca egoísta
Por no preguntarte qué quisieras
Seguro leería a Cortázar con vos.

Abriría otro vino
Te preguntaría más sobre la luna
Te abrazaría, te daría un beso más
Y cantaríamos juntos un tema de  Pink Floyd.

Así, egoísta...
Te deseo aquí.

viernes, 30 de marzo de 2018

Con las manos en la cabeza

Tuve que salir, con las manos en la cabeza.

Sí, me entregué, al fin.

Me hice cargo de un crimen que no cometí y del que solo fui cómplice.

Me entregué porque así lo quise, porque había que hacerlo, y porque me acorralaron.

Me entregué porque hay coartada, porque tengo una, y porque sé que vuelvo y nos escapamos juntos. No hace falta que te entregues también. Con uno basta. Con uno sobra. O por ahí vos ya te habías entregado antes y yo no lo pude percibir.

Me entregué y depuse las armas. Porque confío, porque sino no es entrega. Me llevan y tengo que declarar, el crimen que no cometí y del que solo fui el cómplice.

Cuál es la coartada? La que ya sabés, la que te digo siempre: me perdí en tu sonrisa, se me nubló la vista, perdí la consciencia, y me dejé llevar. Y fui cómplice.

Estuve. Eso no lo niego.

La sonrisa de quién? Me preguntarán. O no, pero debo saber responder. Y no es difícil, aunque pocos te conozcan como ahora lo hago yo. Seguramente digo sin dudar: La sonrisa de Christie, la "reina del crimen". Y podrá parecer una novela, donde estamos solos los dos... Y no quedó ninguno.

Pero sí, te quedaste. Y solo lo sé yo, y dónde exactamente. Y cuando me liberen del juicio, por el crimen del que solo fui el cómplice, voy a volver, a buscarte. Para fugarnos, a un país bien al sur.

No hay testigos, por ahora. Así que quedo libre, sin más. Solo fui cómplice, de tu sonrisa. Y vuelvo, y nos vamos.

Entonces, cuál es el crimen? Aún no lo descifro, aún es difícil saberlo. Diría que me mataste. Pero no, estoy acá entregándome, relatando un crimen que todavía bien no conozco.

Aunque hay algo que hacés siempre, que roza lo criminal. Cuando por fin encuentro seriedad: me mirás profundo y te mordés los labios. Por ese crimen deberían darte la "perpetua". Pero no voy a entregarte. Me faltarías. Y, además, yo soy el cómplice.

Aunque hay algo que me puede y también roza lo criminal.

A mí me da vida matarte un poco en un beso.

Y vos en ese beso que me da vida, decís que te morís un poco. Pero al morir un poco, como también decís, te acercás al cielo. Y me mirás, y sonreís, mientras me decís tramposamente: "Y mi cielo, bueno, mi cielo sos vos". Y otra vez, te merecés la "perpetua". Porque te creo.

Lo que no sabés es que me das vida en un beso, pero cuando siento perderte y que vos te morís un poco para llegar al cielo, me llevás con vos y morimos juntos, y ya no hay cielo que necesitemos.

Terrible crimen. Pero en tu defensa, no sos la única responsable de crímenes.

Terrible efecto dominó.

Reconozco que puedo mentirte. Que puedo pedirte "cinco minutos más" en un hostal, y que vos confiás, o no. Pero que yo sé que te estoy mintiendo, y que si de mí dependiera, podrían ser horas. Días?. Días.

Reconozco que puedo mentirte. Que me visto y me voy, cuando quisiera quedarme más. También te miento.

Pero me entrego. Con las manos en la cabeza.

Porque solo soy tu cómplice.